La mañana siguiente, empecé a sentir como unos dedos acariciaban mis mejillas y mi pelo, sonreí mientras poco a poco abría los ojos viendo a mi esposo a mi lado, acariciando mis labios con sus dedos.
—- Buenos días preciosa ¿has dormido bien? — me pregunto.
—- Si, pero tu no habrás dormido nada ¿verdad? — le pregunté.
—- Ha sido una noche muy dura, Angela ha muerto aunque han podido salvar a su bebe de milagro, ahora está en la incubadora —- me dijo.
—- La madre de Ángela estará rota supongo, p