Carlo me cogió de la cintura con su brazo, tirandome a la cama boca abajo.
—- No querrás que nuestro hijo cuando nazca proteste porque un calvo no dejaba de pegarle, ¿verdad esposa? pon las manos en la cama y quiero que estes tranquila — me dijo
—- Carlo por favor, no lo hagas, duele mucho por ahí — le dije.
—- Tranquila mi amor, entraré dentro de ti despacio —- respondió.
Carlo puso sus dedos en mi clítoris, acariciando de arriba abajo, haciéndome jadear mientras yo notaba como centimetro a ce