Tres días sola, solo con una luz tenue, que casi no se podía ver nada en aquel cuarto, tirada en un colchón que había en el suelo sucio y que olía muy mal. De pronto escuche como metian la llave en la cerradura y abrian la puerta viendo entrar a Jadem,
—-- Veo que estás cómoda, ya veras cuando la sed y el hambre se conviertan en tu peor enemigo, —- me dijo riendo.
Volvió a sentarse en mi pecho, me quito la bola, volviendo a follarme por la boca, con sus testículos, su miembro, su corrida en m