Al día siguiente, aún no había amanecido cuando pude escuchar como abrian la puerta, enseguida me tapé mi cuerpo desnudo con la manta que tenía, vi como entraba una de las sirvientas, nos miramos las dos, se acercó dejando algo de ropa encima de la cama.
—- Vístete y ve a la casa, son las órdenes del señor —- me dijo.
La sirvienta se marchó, me levanté de aquella dura cama y me vestí, con la ropa que me trajo, una vez ya preparada, me fui de aquella casa, hacia la mansión pues no estaba muy lej