Antonella:
Analizo mis pensamientos, y los nervios se apoderan de mí, porque es verdad que no sabría qué sería de mi vida si mi aventura se acabase. Me levanto de mi asiento y comienzo a caminar de un lado hacia otro, frotándome las manos hasta dejarlas enrojecidas.
—No quiero regañarte —dice acercándose a mí—, solo no deseo que sufras.
—Lo sé —digo, porque realmente lo sé.
—Soy testigo del maldito matrimonio que llevas con Bruno, y soy la primera en apoyarte si deseas el divorcio, pero el seño