—¡Ah! —grité cuando Hugo abrió la puerta de un apartamento y me arrojó al suelo con violencia.
El golpe contra el suelo duro hizo que el dolor recorriera mi cuerpo, haciéndome morderme los labios.
Hugo me dio una patada con una sonrisa cruel, sus ojos oscuros llenos de un placer sádico.
—¿Ya estás sufriendo? Apenas hemos comenzado. ¿Qué vas a hacer cuando empeore?
—Hugo, ¿cómo lograste escapar? —pregunté, intentando mantener la calma.
Sabía que había policías vigilando el hospital y que estaba e