Capítulo 36

Los minutos transcurrían lento y con la vista puesta en la ventana, Mayra dejaba correr sus lágrimas, sintiéndose tan miserable. Faltaba poco para el amanecer y al final llegaban a la Galapa, o eso parecía, cuando los autos se detuvieron.

—¿Es aquí? —pregunta ella ansiosa, intentando bajar.

—Creo que no — responde Esteban —. Parecen que están abasteciéndose. 
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