Mundo ficciónIniciar sesiónLos minutos transcurrían lento y con la vista puesta en la ventana, Mayra dejaba correr sus lágrimas, sintiéndose tan miserable. Faltaba poco para el amanecer y al final llegaban a la Galapa, o eso parecía, cuando los autos se detuvieron.
—¿Es aquí? —pregunta ella ansiosa, intentando bajar.—Creo que no — responde Esteban —. Parecen que están abasteciéndose. 






