El campamento estaba en calma, pero la tensión en el aire era innegable. Guerreros afilaban sus armas, revisaban sus armaduras y murmuraban estrategias en pequeños grupos. Fogatas iluminaban la noche, proyectando sombras titilantes sobre los rostros de aquellos que sabían que, al amanecer, muchos no volverían.
Isabella caminaba entre las tiendas, su capa ondeando con la brisa nocturna. Había pasado el día organizando las provisiones y asegurándose de que todos estuvieran listos. Ahora, con el c