“... ¡¿Te atreves a amenazar la vida de tu Alfa?! ¡Agudiza tus sentidos, Makya! ¡Ella tiene mi sangre, es mi Luna, y su vida es la mía! …”
Abrí los parpados levemente y expiré lento, aturdida. A mi lado Makya tenía una aguja en la mano y una mascarilla en el rostro. Al verme despertar, apareció Tarren y se inclinó sobre mí con expresión angustiada.
—¿Cómo te sientes, Cyra? Te desmayaste un momento y... perdiste un poco de sangre —dijo tomando mi mano entre las suyas—. Makya cambió los puntos