—Dígalo, Alfa. Acepte que solo eligió a esta humana como Luna para poder sacrificar su vida y al fin tener la muerte que tanto desea. ¡Diga que desea morir y seguir a la zorra traidora que no ha podido olvidar, aunque fue ella quién lo maldijo con esta existencia eterna!
Los dedos de Tarren se clavaron en mis piernas, con una ira creciente, equiparable a su dolor. Un dolor que se reflejaba en mí, haciéndome palidecer y pensar que moriría.
—Tarren... —musité, apretándome el pecho.
—La verdad,