Arawn me acompañó hasta el coche, y allí nos despedimos.
—Supongo que, ahora que tendrás un hijo con él, esa petición de ayudarte a dejar este lugar... se ha esfumado —me dijo desde la ventanilla.
Esbocé una tensa sonrisa y con algo de culpa, negué una vez.
—Así es, ya no puedo irme. Aun así, gracias por todo el apoyo, Arawn.
Él asintió lentamente y se alejó dos pasos del coche, me despidió con un gesto y se alejó caminando por la calle. Yo me quedé sentada, inmóvil durante un minuto, luego