Leticia y Camila Villalba se levantaron de la mesa del comedor. La tensión que se había acumulado durante el almuerzo parecía haberse adherido a sus cuerpos como una segunda piel. Camila se alisó las manos sobre la falda, intentando ocultar el temblor sutil de sus dedos. Leticia, en cambio, parecía incómoda, molesta, con esa mezcla de fastidio y desdén que siempre flotaba en su mirada cuando no lograba controlar la situación.
Mientras caminaban hacia la sala, la voz de Camila se quebró apenas u