El silencio en el amplio y hermoso jardín de la mansión Villalba se hizo denso y pesado, como si el aire mismo estuviera cargado de la gravedad del momento. Alejandro observó detenidamente las reacciones en los hermanos Villalba, con la paciencia de alguien que comprende el peso de la verdad que acaba de ser revelada. Leticia aún sostenía el expediente con los dedos temblorosos, y Julián, tras leerlo, cerró los ojos por un instante, tratando de asimilar lo que acababa de descubrir.
—Quiero que