El celular vibró de nuevo. Elena lo tomó y al ver el nombre en la pantalla, sus labios se entreabrieron por la sorpresa de su insistencia y decidió responder.
—¡Hola Iván! —exclamó con una mezcla de sorpresa y precaución.
—Hola, preciosa —respondió él con su voz cálida y seductora—. Me enteré que te mudaste porque estuve en tu edificio, quería verte e invitarte a almorzar. ¿cómo sigues?
—Estoy mucho mejor, gracias por preguntar —respondió ella con una sonrisa suave, aunque un ligero nerviosismo