Cuando al fin logran reponerse un poco de aquella cercanía, Armand mira a Lucie y le acaricia el rostro con dulzura.
—Eres tan hermosa… no puedo creer el estar así contigo ahora.
—Y yo no puedo creer que me hayas besado… —en ese momento, Armand se separa un poco de ella algo asustado.
—¿Por qué? ¿Te molestó que lo hiciera? —Lucie sonríe y la trae de nuevo para acercarlo a ella.
—Claro que no, tontito, es sólo que siempre pensé que yo no te gustaba ni que tampoco fuese mujer para ti.
—En es