DAMOND
No confío en el silencio. No en el de Elena. No en el de la ciudad.
Y mucho menos en el silencio de mis enemigos.
Desde el momento en que Cristofer me dijo el nombre que encontró —el nombre borrado de todos los registros Linwood, el nombre que nadie debía pronunciar— algo se quebró dentro de mí.
Ese nombre. Esa hija muerta. Esa operación.
Ese pasado que mi padre juró que nunca iba a regresarnos… regresó.
Y ahora lo siento respirando en mi nuca.
Cuando entro a la habitación de Elena para