La puerta se abre, y ahí está Kamal Kara, con la misma elegancia sobria de siempre, pero con una mirada que hiela. No hay rastro de la calidez de otras veces.
—Señorita Field —dice con una voz tan controlada que evitó hacer una mueca—. Qué sorpresa verte aquí.
Siento un nudo en la garganta.
—Sé que no me esperaba —contesto, forzando una sonrisa débil—. Pero necesito hablar con usted. Y si es posible, con Elif.
Sus ojos, oscuros y profundos, me analizan con desconfianza antes de apartarse ligera