Me tomé mi tiempo para irme, acortando la zancada, esperando oír la respuesta que me daría.
- ¡Iros a la mierda! ¡Sois una panda de hijos de puta! - Eso fue lo que dijo.
Para mí fue suficiente. Un minuto más en aquella casa me pondría enfermo. Cerré la puerta de un portazo y salí a la carretera en dirección a la "casa del monstruo", sin saber qué hacer primero.
Sentía que las lágrimas me corrían por la cara y no sabía si era tristeza por todo lo que Anya era capaz de hacerle a su propia familia