Oí... (II)
Colgué el teléfono y estrellé la tarta contra la pared.
Subí a mi coche y conduje a gran velocidad hasta North B.
En cuanto entré en la empresa, noté las miradas en mi dirección. Maldita sea, me había olvidado del escándalo del fin de semana. Debería haber ido con mi padre. Su presencia sin duda habría frenado los comentarios desagradables.
No es que yo fuera el tipo de persona a la que le importaran los comentarios sobre mí. Pero éste no me involucraba sólo a mí, sino también a Heitor y a Bárb