A la mañana siguiente me levanté y fui directa a la habitación de Anya. Eran más de las diez y ella seguía en la cama, roncando como un tractor.
- ¿Anya? - grité en voz alta y ella ni siquiera se movió.
Me agaché y la empujé con fuerza, moviéndola de un lado a otro. Anya abrió los ojos y luego los volvió a cerrar, el olor a alcohol llegó hasta mí.
Vi la botella vacía a su lado y no era whisky. Vodka solo, probablemente hasta el cuello. ¿Cómo podía ella, con setenta años o así?
¿Cómo podía es