VIVIAN se quedó gélida, con la mano aún apoyada en su vientre mientras las palabras de Adrian resonaban en sus oídos. "Prepárate. Iré a buscarte para llevarte a casa".
Se le cortó la respiración y, por un momento, no se movió. ¿Lo había oído bien? ¿Realmente había dicho esas palabras?
—Adrian... espera —balbuceó al teléfono, con la voz temblando entre la incredulidad y la emoción—. ¿Qué acabas de decir?
—He dicho —el tono de Adrian se volvió más profundo, más lento esta vez, como si quisiera qu