Nunca imaginé una situación de estas, y menos que me tocaría vivirla a mí, ni siquiera conociendo la vida de mi futuro esposo, pensé que llegaría a experimentarla. Siempre he mirado en las noticias el secuestro de tal persona y me parecía una situación fuera de contexto, jamás lo albergué como una realidad.
Siempre he estado ajena a una realidad eminente en el país en el que vivo. No le he hecho nada a nadie, siempre me he dicho; jamás me tocará a mí. Sentía pesar por el prójimo, pero nunca lo