Al llegar al El Renacer, Verónica estaba colocando sus regalos en el inmenso árbol, no había nadie.
—¿Trajiste regalos? —sonreí un poco. Sí que fui mierda.
—Guárdame el secreto, tengo una reputación que conservar.
—Tu secreto queda a salvo conmigo. —bajé los regalos y ella me ayudó a ponerlos, siempre se ocupa media sala cuando todos traen sus detalles—. También guardaré tus regalos.
—Gracias.
—¿A qué horas sales?
—En la noche. ¿Ella va a venir?
—No había confirmado, no quería ponerse una situa