No fuera mi mujer si no hubiera reaccionado de esa manera, y sí que pega, duro la condenada santandereana. Ana me miraba, tenía puesto en su frente la frase «yo se lo dije». No aparté la mirada hasta que sus caderonas desaparecieron de mi vista. Al girar Verónica y Patricia me miraban con alegría y rabia.
—Apenas me puedo poner en pie, no quería que me viera como estaba, ahora puedo hablar.
—No tienes que excusarte con nosotras. En este momento se siente burlada por mi marido que se saltó su vo