—¡Déjame solo Verónica! ¡¿NO LO ENTIENDES?!
Gritó y con esa aura malévola, fría y siniestra, se levantó y llegó a mí. Este Roland no me gusta, pero en vez de salir corriendo por instinto, porque está fuera de sus cabales, de su cordura, mi alma me impulsó a hacer lo contrario. Lo abracé.
—Te amo y sabes que tus hijos te adoran. Recuerda; Liam te espera en las tardes para que le enseñes a tocar la guitarra, Enrique lo hace en al mediodía para construir casas, Dante te imita, tú eres su ejemplo,