—Supervisar la cena, hoy y por cuarenta días tendrás las noches con la casa llena —eso me hizo sonreír.
—Te amo vieja, puede que tengas esa bola en tu cabeza, pero vas a vivir como te lo mereces.
—Como una princesa. —Se burló mi negra.
—No, como una reina.
—Quien se los va a aguantar ahora a ustedes.
—Tú. —tomé el termo y me fui para mi habitación.
—Lamento no haber estado contigo cuando recibiste la noticia.
Comentó Diana, una vez ingresé al cuarto, estaba llorando. Ahora le tocaba a ella, nos