Su cuerpo estaba caliente.
—Hasta que lo reconoces. —La cargué—. Ahora debes descansar.
La llevé a su cama, la metí debajo de la cobija y ella se acomodó abrazando una de las almohadas. La dejé en su recámara, terminé de arreglar el resto de las cosas. A la hora ingresé a su cuarto y dormía.
Entré a la otra habitación donde había organizado una moderna oficina, me puse a trabajar y hacer los trabajos, como tengo horario especial, debo entregar varios trabajos. Eran las diez de la noche, tenía h