—Te dije que nos iríamos juntos. —Lo miré, tratando de retener las lágrimas.
—Puedo pagarme un autobús.
Di media vuelta y continué hacia la parada de autobuses, no había caminado ni media cuadra cuando este troglodita, tarado, idiota, güerejo pendejo me cargó cómo si fuera un bulto, me llevó hasta su camioneta, me metió en el puesto de copiloto, puso sus manos en mis piernas.
—No fue mi intensión salirte con grosería.
Un sentimiento fue creciendo, me cubrí la cara, no quiero verme como una niña