—Te amo, señora García. Serás el mejor juego de mi vida.
Limpió el par de lágrimas traicioneras que salieron de mis ojos.
—Pueden besar cada uno a su esposa.
Dijo el tipo disfrazado. Un estremecimiento recorrió mi cuerpo cuando los labios de Miguel se apoderaron de los míos, me encanta su manera tosca y fuerte con la que me toma, aunque, cuando lo hizo suave en la casa de la señora Consuelo, me gustó.
Todo lo que me ha dado y mostrado mi marido lo adoro. Me cargó y caminó hasta llegar al lugar