Me puse roja, supongo que esa probada era… cielos imaginar su boca en mí ya húmeda flor. Simón me acostó sobre la mesa de las municiones, con esa mirada llena de lujuria dominó cualquier voluntad en mí.
Me quitó la camisa, mi espalda se recostó en la fría madera, sin apartar la mirada me desbotonó y bajó el cierre del jean, de manera tan lenta que parecía una tortura, no tengo ni idea de lo que sentiré, pero ardo en deseo por experimentarlo. El pantalón se deslizó por mis piernas, quedé en ropa