2. Viejos conocidos

Me dirigí a Rodríguez de Francia y O’Leary, dirección en donde estaba ubicada la oficina de mi colega, dicho lugar quedaba aproximadamente a 12 minutos en vehículos o veintidós cuadras a pie, fue a la primera persona a quien contacté. Siempre me culparé por lo sucedido, yo la conduje a su muerte.

Aún recuerdo la gélida ventisca que viajaba en zigzag en el estacionamiento, al caminar bajo la lluvia sentía como reventaban las gotas sobre mi cabeza, rápidamente me cubrí con mi maletín y corrí por el estacionamiento por un largo y estrecho sendero. La lluvia era constante y muy extensa. Los tacones de mis suelas sonaban de manera particular al estrellarse contra el piso de concreto, era algo como toc, toc, toc. Sentía los calcetines húmedos. ⸻que mal, y pensar que tengo que estar así todo el día dije en voz alta⸻ Fruncí las cejas mientras trotaba sobre piedra triturada, en breves lapsos de tiempo solo se escuchaban las gotas de lluvia estrellarse en el suelo, formando charcos y amén de las suelas de mis zapatos de cuero que al pisar piedras sueltas mezcladas con la arena producía un desagradable crujido, y en ocasiones di pasos en falsos, que estuvieron a punto de torcerme el tobillo «Hasta ahora siento el dolor de los tobillos». 

Una vez frente a mi rodado saqué las llaves, tenía una copia junto a la otra, debía separarla, pero no me daba el tiempo. Abrí la puerta del automóvil, me saqué la campera, sacudí los pies fuera del coche para poder entrar, encendí el coche sin apuros y salí a la ruta principal. No se veía casi nada de la lluvia, los limpiaparabrisas hacían un arduo trabajo, pero aun así se empañaba los vidrios y era necesario limpiar el vidrio desde adentro, ya que la refrigeración del automóvil estaba descompuesta. El auto avanzaba por las calles como una lancha ya que las calles se convirtieron en canales por el desbordamiento del agua de lluvia por causa de los paupérrimos desagües pluviales que fueron edificados, la patética situación me hacía pensar en la ciudad de Venecia. Con fiereza el vehículo se abrió paso por el indomable cause urbano, mientras me dirigía por las avenidas observaba a las motocicletas varadas o abandonadas bajo frente a los negocios, otras arrastradas por la violencia de la inundación y algunos vehículos estacionados bajo tinglados y los dueños manipulando el interior del capot con intención de volverlos a poner en marcha.   

Una vez dentro de la comisaría estacioné el vehículo dentro del previo, pero antes de eso me recibió un oficial ayudante, quien se encargaba de recibir a los personales que usufructuaban el estacionamiento. El joven era bastante particular, tenía las cejas tupidas y la boca caída, estaba irritado y más estando bajo la lluvia, no le hice perder el tiempo y coloqué el vehículo en una esquina.

Bajé del auto y me refugié en los corredores de la institución, me sacudí como un can recién aseado y luego de estar resguardado caminé por el lado derecho de la delegación, volví a ver al joven, quien portaba un pilotín y un paraguas bastante amplio —pobre pensé, todo lo que tiene que pasar solo por ser un nuevo egresado, el famoso derecho de piso—. Mientras caminaba a la oficina de la oficial observaba por la ventana de la comisaria a los recién llegados, me refiero a los infractores, quienes fueron aprehendidos y traídos durante el temporal, y a los oficiales enervados, ya que más de uno está con los ojos rojos por no haber conciliado el sueño en sus veinticuatro horas de servicio.  El techo era bastante amplio, cubría más allá de los corredores y conste que estos medían como cuarenta metros de largo y dos metros de ancho, bueno a ojímetro, las baldosas eran bordó, las paredes estaban hechas de ladrillos vistos y los pilares que sostenían el techo eran de un diseño similar a las columnas romanas, bastante antigua, pero con las varias capas de pinturas sobre ella se nota que fue restaurada. Frente a la institución ostentaban un gran patio, repleto de  pasto y también se observaba las flores a lo lejos, estas estaban dentro de canteros, las cuales bordeando la muralla por toda la instalación.

Al final del pasillo quedaba la oficina de Rodríguez, luego de que hube llegado preparaba en la mente como le expondría el caso, era bastante complicado, pero creía que ella sería una pieza fundamental para conseguir resultados positivos. Una vez, delante a la puerta de su oficina di algunos golpes, eran pausados para no exaltarla con mi ansiedad. Miraba a mis costados, movía los dedos a causa de mi abstinencia y llevaba para atrás mi encrespado cabello. Quería, de una vez, encontrar un rostro familiar.

Caminé hasta la ventana de balancín que estaba junto a la puerta en el lado derecho mirando desde fuera, esta ventana estaba tapada casi en su totalidad desde dentro por una cortina color bermellón, pero aún se podía observar una reducida parte de la oficina, al mirar con detenimiento no pude ver a nadie. Volví frente a la puerta, posé la mano sobre el picaporte y la giré; el accionar de la puerta fue muy llamativo, esta cedió y la puerta se abrió —no trancó la puerta para salir dije en voz baja—. Luego sacudí mis pies en el tapete frente a la puerta para no ensuciar su dependencia. Saludé como es mi costumbre, por si se encontraba dentro alguna alma, luego de mirar las cuatro esquinas de la oficina me pregunté; ¿en dónde está? Los días eran igual al resto, lo muertos se me aparecían, recordándome lo que había hecho en el pasado, solo me perturbaban, pero ahora, luego de aquella experiencia muchas cosas han cambiado, no solo criminales son las que me perturban en el día, también mi colegas, los cuales fueron víctima de aquel maldito lugar. Todos hablan como si me conocieran, pero si ven lo que yo veo, no podrán conciliar el sueño en las noches.

***

Al ingresar al departamento caminé hasta el centro, miré el interior de su oficina, era bastante pulcra, en cambio la mía tiene bastantes documentos que adornan el resto del cuarto. Luego de mirar el lugar con las manos en el bolsillo me senté en un sofá mullido que estaba a lado de un librero, creo que es para los visitantes —un hermoso sillón—. Movía los pies de un lado para otro, hasta que levanté el lado derecho sobre el izquierdo. Mientras esperaba, estaba nervioso, ansioso, con ganas de comentarle sobre el caso, creo que ella me acompañará, debe hacerlo, puede aportar demasiado a la investigación.

Para matar el tiempo pensaba, ¿cómo un hombre puede salir sin mancharse la ropa, luego de un asesinato tan bestial? Acaso, ¿llevó unas prendas para cambiarse, tenía algún tipo de vehículo donde rápidamente se dio a la fuga o vino de algún lugar cercano al cerro? No se encontró prendas que no pertenecieran a la víctima, bueno en el perímetro. Mitigando el silencio escuché el accionar del picaporte, acompañado con el chirrido de las bisagras oxidadas. Volteé para ver si era ella, con una gran sonrisa la recibí, ella tenía un piloto, estaba un poco empapada, y traía consigo un termo para agua caliente y yerba mate, aparentemente llegué en un buen momento.

⸻Buenos días Oficial Rodríguez, siempre bella, mirá, llegué a buena hora, vas a tomar mate. Disculpame la molestia, la puerta estaba abierta y pasé a esperarte.

⸻ ¡Un susto grande me mandaste! creí que ya me robaban... no volveré a dejar la puerta abierta ⸻exclamó sonriendo.

⸻No, no creo que te roben, van a pasar nomás acá a lado si pasa eso.

⸻No señor, no sabemos de qué son capaces los seres humanos, el compañero mismo puede ser quien te robe. Pero ¿A qué se debe tu visita Detective? Pasó mucho tiempo para volver a verlo, fue a principios de abril la última vez si no me equivoco. 

⸻Sí pasó mucho tiempo, desde ese entonces no nos vemos, te voy a llamar más seguido. Bueno te vengo a molestar porque estoy en una investigación y necesito armar un grupo para realizar una búsqueda de campo y pensé en vos, no puede faltar una oficial, contigo y otros que conozco creo que llegaremos al fondo del asunto.

⸻A sus órdenes, ¿De qué se trata? 

⸻Trato de avanzar con un caso, quiero hacer un rastrillaje en la reserva ambiental Cerro Kõi, para tener más pistas. Es, en verdad un crimen excepcional, que da lugar a muchas teorías, mi objetivo es deducirlo y sacar mi propia conclusión.

— ¿No es el hijo del intendente?

—Sí, el mismo ⸻respondí con sobriedad. 

—Hay algunas versiones sobre ese caso.

—así es, existen varias, pero debemos llegar al fondo de todo esto para solucionarlo, su muerte no tiene precedentes, nadie puede jugar con la integridad de los demás. No somos animales, ese salvaje debe estar entre las rejas para la tranquilidad del pueblo.

—Seguro está loco, ¿señor querés tomar mate?

—sí, vamos a tomar… y con más razón, debemos atraparle para que no le haga nada a nadie.

⸻Y sí, ¿Cuándo tenemos que reunirnos señor?

—El día viernes 18 a las diez de la mañana me quiero ir — Dije mientras bebía el mate—. ¿Qué tiene tu mate?, súper rico está.

 — Y no sé, creo que manzanilla y anís, en frente nomás me dieron.

— Me parece genial.

—Sí voy a estar disponible señor y quiero pedirte un favor.

—Decime. 

—La inclusión de una colega recién egresada, me refiero al Oficial Ayudante Jennifer Ortega, si la considera, sería bueno para el currículo de la novata. ⸻dijo con los ojos brillosos tras mencionarla.

—Sí, claro que sí, mientras más somos mejor.

—Gracias señor.

—Bueno, muchas gracias por el mate, pero ya me tengo que ir, tengo que hacer algunas llamadas, aún no hablé con los otros miembros.

Nos despedimos afablemente y di vuelta para así dirigirme a la salida, con el compromiso de reclutar más personal para la causa. Gracias a que la lluvia acabó pude ir sin complicaciones a  mi vehículo, en donde tenía un teléfono con cable que funcionaba con la corriente del auto. Al entrar accioné la llave para activar las funciones eléctricas y luego disqué el número del Suboficial Claudio Ramírez, quien había participado en un allanamiento del local Brommer de la ciudad de San Lorenzo, donde tuvo un papel muy importante para identificar a los cabecillas, tras largo tiempo de exhaustiva investigación y seguimiento. Incautamos mercancía robada. Supongo que sería relevante en la investigación, debido a su impecable desempeño y al tomar con mucha seriedad los trabajos que se le demanda. Atendió después de que el teléfono sonara unas cuantas veces.

⸻Buenos días, le habla el Detective Nágel, lo llamo porque requiero su ayuda, si es que puede escucharme.

⸻Sí Señor, Buenos Días, estoy en mi recorrida, pero siempre a las órdenes para vos, en qué puedo servirle.

⸻Excelente mi querido amigo, me comunico con usted porque preciso hombres para una investigación.

— ¿Dónde sería eso mi oficial?

—Vamos a investigar un asesinato en Areguá, precisamente en el Cerro Kõi.

 — Nde, mombyry upe’a, pero ¿vamos a tener alguito para el combustible mi oficial?

—No te preocupes de eso, hay todo.

— De lujo y, ¿Cuándo sería?

— El viernes 18 a las diez de la mañana, en el kilómetro veintiuno en el desvío a Areguá, ¿Conocés?

— Sí señor, me suelo ir por ahí. 

⸻Señor, voy a ver si tengo guardia ese día, es que estamos muy atareados, pero creo que podré, es cuestión de ver…

⸻Voy a esperar su respuesta, les voy a pagar trecientos mil guaraníes a cada uno, para poder solucionar rápido este tema.

Ramírez era un hombre trabajador, aunque un poco ambicioso, si se trataba de aumentar sus ingresos él entregaría su alma al diablo. Sus ojos se encendían cuando se daba cuenta de que alguien quería pasarse del listo y quedarse con su dinero. También donde hubiera dinero cambiaría sus planes, solo para tener un poco más, eso fue lo que me comentó durante la investigación en san Lorenzo, que en épocas navideñas él se alzaba con mucho dinero, ya que cubría a sus compañeros, quienes no querían trabajar ese día. Trabajando navidad y año nuevo recaudaba mucho efectivo, eso lo ponía feliz.

⸻Mejor todavía señor, voy a poder legalmente, contás conmigo ⸻dijo con una risa codiciosa y rara.

⸻Muchas gracias, nos vemos Ramírez.

El suboficial Ramírez era bastante bueno en el combate cuerpo a cuerpo, tiene vasta preparación y experiencia, suelen comentar que es muy bueno desarmando y reduciendo al oponente, y cuenta con gran manejo de armas blancas, su complexión física es robusta, creo que es físico culturista, quiere parecerle a Schwarzenegger y creía que sería muy útil para un posible ataque sorpresa. Nos despedimos y  luego llamé a otro hombre de confianza, tocaba llamar a un viejo amigo, el Oficial Mayor Máximo Contreras, quien prestaba servicio en la ciudad de Capiatá. Pero como me encontraba cerca de un lugar bastante conocida por sus ventas de minutas no dudé en pasar para deleitarme con sus deliciosas empanadas caseras. Bajé del vehículo ordené las empanadas con una Coca-Cola, me ubiqué a fuera del local y mientras degustaba pensaba en el caso, las nubes viajeras me ayudaban a pensar. La soledad me inundaba y me hacía vacilar, pensaba en la muerte, qué vendría después de ella, solo oscuridad, o después de esto ya no hay nada. Pensaba en aquella voz que no me dejaba dormir en las noches, será la alama de alguna persona que no pudo descansar en paz, o una muestra de lo que nos depara el destino, errar por la tierra sin cuerpo, sin credo ni consuelo. Por el día solía caminar junto a mí, una voz delicada, la de una mujer que estaba perdida. Al concluir mi breve descanso intenté despejarme o perdería la cabeza. Me lavé el rostro al salí del local y luego en el vehículo me dispuse a ponerme en contacto con el Oficial Contreras, quien no tardó en atender.

⸻Buenas tardes Oficial Contreras, ¿Cómo se encuentra?

—Buenas tardes detective. Espectacular y, ¿Usted? 

—De maravillas, quisiera comentarte sobre un caso, si dispone de tiempo.

—Sí, ¿qué pasó señor?

—Requiero de su presencia para una tarea investigativa en la zona de Areguá, pienso pagarles trecientos mil guaraníes a cada uno. 

⸻Buenas tardes Detective, no tengo problemas ¿De qué se trata? ¿Dónde vamos a investigar?  ⸻Expresó el oficial.

Máximo era un compañero con quien se podía contar, yo sin llamarle ya anticipé que su respuesta sería afirmativa y que estaría brindando su apoyo, también es un especialista en manejo de armas de corto alcance.

⸻Se trata de un asesinato perpetrado en la reserva ambiental Cerro Kõi, el hijo del afamado intendente de esa ciudad falleció y aún no se sabe quién lo mató.

— ¿Tienen sospechosos?

— Buscaremos pistas que puedan unir al autor y posteriormente realizar la hipótesis pertinente del tema en cuestión.

Entiendo, y la zona es bastante frondosa por lo que escuché.

—Será un rastrillaje difícil, ya que el terreno es amplio y si, frondoso, enmarañado, pero creo que lo lograremos, voy a necesitar de su ayuda y unos cuantos más. 

— ¿Para cuándo señor?

—Nos reuniremos el viernes a las diez en el desvío Capiatá-Areguá.

⸻Sabés que contás conmigo ⸻Dijo con tono muy animado.

—Eso, vamos a estar hablando más en el día, ¿te parece?

—Sí señor, claro que sí.

Me despedí de él y me dirigía a mi domicilio en mi Ford del Rey,  con la intención de descansar con tranquilidad. Mi vehículo nunca me ha dejado por el camino, tal vez no funcione la palanca del vidrio, ni el tapizado sea nuevo, pero siempre arranca cuando lo necesito realmente es una fiera.

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