Helen y yo cenamos en mi hotel. Yo me moría de hambre. Nos sirvieron pechuga con papas fritas, arroz y ensalada. Hummmm qué delicia. -Espero que lo disfrute mucho señorita Monroe-, me dijo el chef muy solícito haciéndome miles de venias. Él mismo se encargó de atendernos.
-Está en su punto, Pierre, delicioso-, le dije encandilada.Era cierto. ¡¡¡Estaba sabroso!!!
-Tengo un contrato en Abu Dabi-, me anunció Helen. Como saben, ella era mi representante.
-¿De qué se trata?-, devoraba