Vincent me miró divertido cuando entré furiosa a nuestra suite en mi hotel. Yo echaba humo de las narices, daba bufidos y estaba hecha una energúmeno con ganas de apretarle cuello a mi marido. Él sin embargo no dejaba de mirarme distendido, sonriente, tumbado sobre las almohadas, desnudo, esperando que yo me acueste con él.
-Dominique Fontaine está en el bar esperando por ti-, le dije muy enojada, lanzando rayos de mis ojos, jadeando y a punto de explotar como un paquete de dinamita.
-Sí