Ese martes, Dulce, mi secretaria principal entre todas las que tenía en el edificio, me informó que me llamaban de la prisión estatal y me subrayó que era importante, que estaban reclamando mi presencia en la penitenciaría. -Quieren que vaya de inmediato allá, señora Monroe-, me remarcó Dulce, también preocupada y sorprendida.
-Pásame la llamada a mi oficina-, estaba yo súper extrañada. ¿Quién podría llamarme desde ese lugar? Pensé en una donación, quizás en ayudar en la remodelación de