Las quejas del personal de mi hotel se multiplicaban. Mi marido, después que se embriagaba, rompía vitrinas, vasos, platos, aparadores, incluso se tumbó un costoso candelabro y agredió a uno de los cocineros porque le hizo el bistec con papas fritas que deseaba comer. Roger llegaba siempre ebrio al hotel y se la emprendía contra las azafatas, los mozos, los valet y hasta los chef golpeándolos, lanzando insultos, pateando las sillas y haciendo escándalo. Una noche escupió sobre una deliciosa