Roger no se daba cuenta de que el dinero se le iba de las manos como agua y pensaba que la plata le dudaría para toda la vida. Gastaba y gastaba, perdía y perdía, despilfarraba y despilfarraba, su vida se había tornado en un gran engaño.
Varias veces atendí llamadas de sus amigos, llamándome a mi oficina o a Rancho Monroe pensando en encontrarlo. Ellos no sabían que Roger y yo no llevábamos una vida de pareja y que él prefería estar viviendo a cuerpo de rey en mi hotel
-Oiga Roger, n