Supachok Suengchitthawon se apareció a la noche siguiente en mi hotel, muy elegante, con sus grandes mostachos blancos, altivo y muy jovial a despecho de sus ochenta años. Me impactó su elegancia, su pulcritud, su magnífico porte, sus pasos sencillos y matemáticos, entero aún su prolongada edad, súper lúcido y nada achacoso por el contrario sumamente atractivo, bastante seductor y galante, igual a un actor de cine longevo pero que mantiene su sensualidad y su virilidad, dueño absoluto de la si