—¡Adelio, bien hecho, no me sorprendes!
Después de felicitar a Adelio, la abuela se apresuró a tomar el teléfono y comenzó a hacer las llamadas necesarias.
Cuando colgó, una sonrisa de satisfacción se dibujó en su rostro.
—¡Listo, el alcalde nos ha citado para reunirnos en el Palacio de los Sabores!
—Vamos, ¡es hora de partir!
—Celeste, la dueña de Solestia, ¡esta vez te dejaré sin nada!
Frente al vestíbulo del Palacio de los Sabores, que ocupaba más de diez acres, decenas de autos de lujo come