Con solo pensar en la habilidad de Juan, Celeste se tranquilizó y finalmente se sentó de nuevo.
El único que se lamentaba en silencio era el gerente del restaurante.
¡Qué situación tan desafortunada para él!
Diez minutos después, una voz helada resonó desde el piso inferior: —¿Quién se atreve a joderle la vida a mi hermano?
En ese momento, una mujer vestida de negro apareció en escena, acompañada por varios individuos.
—¡Hermana, es ese tipo! —gritó Fabricio, señalando a Juan, que estaba de espa