En un parpadeo, Valerio se abalanzó sobre Juan como una bestia feroz, irradiando una intensa aura asesina.
Sus cinco dedos se dirigieron con una rapidez vertiginosa hacia el cuello de Juan, como si estuviera a punto de aplastarlo.
—¿Con que tú?
Juan, sin expresión alguna, se mantuvo impasible mientras Valerio intentaba apretar su garganta.
Valerio se sintió exultante, creyendo que estaba a punto de vencerlo, pero de repente sintió una fuerza descomunal contra su brazo, tan intensa que su mano co