—¿Qué es lo que pasa? ¿Acaso piensas que soy Benigno?
Fabricio soltó una risa desdeñosa.
No había terminado de hablar cuando un tenedor voló y se le incrustó en el muslo. Fabricio soltó un alarido de dolor.
—¡Fabricio!
Los que estaban detrás de él cambiaron de color al ver la escena.
Juan, con una expresión indiferente, dijo: —Hablas demasiado, antes de que realmente logres arruinarme el día, ¡lárgate!
Fabricio, fuera de sí, gritó: —¡Idiotas! ¿Qué están esperando? ¡Atáquenlo! Si algo sale mal, y