Celeste llegó a un restaurante llamado Elegante Gourmet.
Tan pronto como entraron, Juan se dio cuenta de que no había muchos clientes en el lugar; en su lugar, dos filas de empleados perfectamente uniformados los esperaban en posición.
—¡Bienvenidos, señor González y señorita Celeste!
Todos los empleados, impecablemente vestidos, inclinaron la cabeza hacia ellos con gran respeto.
—Señorita Celeste, ya está todo preparado. ¿Desean que les sirvamos la cena?, preguntó el gerente del restaurante, qu