Mientras tanto, en el interior de la residencia de la familia Landa.
Benigno regresó a la mansión con el rostro hinchado y lleno de moretones por completo, y una vez en su habitación, comenzó a destrozar todo a su paso, gritando de rabia y frustración.
—¡Juan, maldito bastardo, te juro que te mataré!
—Y esa perra de Celeste... ¡espera a que te tenga de rodillas, suplicando como una perra por mi perdón!
En ese preciso momento, un hombre de mediana edad entró en la habitación. Era Alaón, el jefe d