Ante la furiosa mirada de Quirino, Juan lo observó fríamente y le dijo: —Si sigues diciendo tonterías, ¡acabarás igual que él!
Quirino tragó saliva, y aunque estaba furioso, se contuvo y no dijo más.
Conocía bien la brutalidad de Juan, y sabía que si lo amenazaba, lo cumpliría sin dudar.
El ambiente en el salón seguía siendo tenso y silencioso. Todos aún estaban impactados por el hecho de que Juan hubiera abofeteado a Benigno tantas veces.
Benigno, con el rostro desfigurado por la furia y el dol