Abdón observó a Benigno, quien yacía en un estado lamentable, y sabía que, al final, tendría que darle una explicación a la familia Landa.
Asintió levemente y, con una mirada penetrante dirigida a Juan, comentó: —Joven, ¿no te parece que has sido excesivamente cruel con él?
—¿De verdad? Yo creo que no he sido lo suficientemente duro. Si hubieras llegado un poco más tarde, probablemente ya estaría muerto. Juan respondió con frialdad, su expresión imperturbable.
El rostro de Abdón se endureció.