Elena sintió un temblor recorrer todo su cuerpo. Con mucha prisa, se acercó y levantó la manga izquierda de Marta. De inmediato, descubrió una pequeña marca de nacimiento roja, del tamaño de un frijol, en su muñeca.
En ese mismo instante, la abrazó con fuerza, sin poder siquiera contener las lágrimas: —¡Marta, eres tú! Después de tantos años... Pensé que nunca volvería a verte.
¡Era ella! No había duda alguna.
No podía estar del todo equivocada. Años atrás, cuando la encontró en una bañera flota