Justo en el momento en que Adriano apretó el gatillo, Patricia ya estaba lista para aceptar su cruel destino.
Sin embargo, en ese instante, escuchó un grito ahogado de Marta.
Patricia abrió los ojos de inmediato, y la escena que vio delante de ella era tan increíble que apenas podía creerlo.
Delante de ella apareció una barrera de luz brillante y azulada, como un escudomístico, deteniendo la bala en el aire, impidiendo que avanzara un centímetro más.
—¡Cling…!
La bala cayó al suelo de inmediato,