—Esperemos un poco más.
Justo cuando terminó de hablar, Octavia llamó. David, con el ceño ligeramente fruncido por la ansiedad, se sentó muy rígido al instante, hizo un ligero gesto de silencio con el dedo sobre los labios, y dijo en voz muy baja: —Nos están llamando. Parece que pasaron la entrevista.
Cuando contestó el teléfono, su expresión se suavizó un poco, mostrando una sonrisa de alivio mientras le decía: —Octavia, ¿cómo les fue?
—¡Eres un maldito traidor! —Octavia empezó a gritar f