Gaspar soltó un fuerte grito de dolor y de inmediato sacó su teléfono móvil, llamando al jefe de seguridad, Beltrán: —Beltrán, hay alguien causándonos serios problemas en la empresa. Ven aquí con tu equipo de inmediato.
—Sí, en la sala de reuniones.
Después de colgar el teléfono, miró a Juan con una expresión aterradora y amenazante: —Chico, ya llamé a seguridad. Estás acabado. Cuando lleguen los guardias, te golpearán y te echarán a patadas como un perro.
—Ah, ¿sí? Pues aquí los estaré esperand