El que llegó era precisamente Juan.
Su mirada recorrió toda la sala de reuniones, sus ojos oscuros brillando bajo la luz tenue del lugar, y pronto notó a Adelaida y Ezequiel, sentados de manera rígida en una esquina.
Vaya, sí que son ellos, pensó Juan, rascándose la nariz con expresión de sorpresa, un gesto que hacía a menudo cuando algo le intrigaba.
—¿Juan?
En cuanto vieron que era Juan, los ojos de Adelaida y Ezequiel se abrieron de par en par, con evidente pánico reflejado en sus ros